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Una Rosa en el Quinto Infierno, de William Mejía -Premio de Novela UCE 2000-. Por Avelino Stanley

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La Rosa es una chica hermosísima, y el quinto infierno no es más que el campo de concentración número cinco, en cuanto a torturas y muertes, que el tirano del bicornio tenía disfrazado de un lugar donde extraía la materia prima para hacer sogas y sacos. Ese lugar se llamaba El Sisal, el mismo nombre de la planta usada para extraerle sus fibras con el propósito mencionado. A ese lugar iban a parar cuantos detenidos quisieran los secuaces del tirano y se trabajaba forzosamente o se era hombre muerto.

Con El Sisal y con Rosa se arma toda la trama de la novela que su autor, William Mejía, ha titulado “Una Rosa en el Quinto Infierno”. Por supuesto, le agregó otros ingredientes. Una tiranía, por ejemplo. Un joven llamado Daniel que por cua1quier pendejada, como muchos otros de su pueblo y del país entero, lo privaron de su libertad. Resulta que fue aparar al Sisal, donde por esas circunstancias de la vida, al poco tiempo, se encontró con Rosa, su novia. Sólo que el delito de Rosa, la razón por la que fue a dar allí, no era política. Fue por su hermosura. Por su atractivo y por la estrechez económica en que vivían sus familiares. Ella vino, entró al Sisal a través de otro ingrediente que no podía faltar, el Coronel Azote, administrador del dolor, esbirro del tirano, y quien la trajo en calidad de amante involuntaria después de un sinfín de sufrimientos por parte de la pobre chica. Y un elemento de fortaleza, un profesor llamado Pedro López, antitrujillista, protector de Daniel en sus años de la escuela secundaria, que fue a dar también al Sisal. Él, en el mismo valle de dolores de Rosa y de Dan, los ayudó hasta el final, punto en que resultó ser el padre de este último. Ahí están todos los elementos del argumento central de la obra.

 

Estructura

 

En torno de “Una Rosa en el Quinto Infierno” el primer elemento crítico a señalar es el que trata de su estructura. La obra, elaborada sobre planos espacio-temporales distintos, exhibe una fuerza estructural de altos vuelos. No se trata del flash back común y corriente, aunque se recurra a ellos en alguna ocasión. Por el contrario, son planos desarrollados con la técnica del remolino. Ese remolino que, mientras que va avanzando, se va agrandando; porque tiene que ir cargando con los elementos que encuentra en el camino. En el fenómeno natural todo sucede hasta terminar en el ancho espectro del espacio atmosférico. La novela de William Mejía encaja muy bien en el otro espacio, también ancho y aún poco poblado, el de la novelística dominicana.

 

Lenguaje

 

Nadie puede negarle al autor de “Una Rosa en el Quinto Infierno” su dominio sobre el lenguaje. William Mejía es un autor probo, nada de joven escritor, que tiene en su haber obras publicadas en distintos géneros y una treintena de premios, entre ellos el premio Nacional de Cuentos y ahora el premio nacional de novela UCE. Con toda esa experiencia no sólo exhibe dominio del lenguaje, sino que en la presente obra, en todo su discurrir, desde el principio hasta el final, aparecen insistentemente esos rafagazos poéticos que se pueden comparar con los puntos luminosos que todavía hoy, por las noches, se ven el Sisal. y la gente, siempre dándole la real interpretación a los hechos, con propiedad dice que son las almas en pena de los tantos muertos que hubo allí. Ciertamente el lenguaje de esta obra es un logro en su diafanidad, en la extensión de oraciones y párrafos y en la fuerza que cada uno de ellos enfatizan el total del texto narrativo. Es el suministro preciso para convertir la realidad en ficción y, desde la ficción, presentar los puntos luminosos del leguaje poético.

 

Ambiente

 

Ya todos saben que la novela se desarrolla en El Sisal, en la Azua de la tiranía trujillista. En ese infierno donde todo aquel que no se sometía a los designios de los esbirros del generalísimo Chapa sólo tenía un fin: la muerte. Logra el autor dar los trazos precisos de revivir todo aquel ambiente, ese infierno que merodeaba a Azua y que formaba parte de todo el país. Con esta obra viene a confirmarse una vez más la importancia de la novela en el proceso de conocimiento de todos los detalles que han sido parte de la historia de un país. En este caso los detalles son de dolor, del dolor y el sufrimiento del Sisal.

Con la novela “Una Rosa en el Quinto Infierno”, Azua, como ciudad, se sitúa ya en un espacio registrado en la literatura. Y es preciso decir que eso se logra, al mismo tiempo, no sólo con la novela de William Mejía, sino también con otra de novela también de alto vuelo, de altísimo kilataje, como lo es “Cenizas del querer”, de la azuana Emilia Pereyra. Dos novelas de autores en

 

su plena etapa de producción con Azua como ambiente y sólo con meses transcurridos entre la publicación de una y la otra, ambas galardonadas.

 

Personajes

 

Si algún hecho define de forma precisa el mundo de una novela es la definición de sus personajes. Personajes con definición oscura es como hacer el amor a medias. Y en ambos casos es mejor no iniciarlos. Los personajes de “Una Rosa en el Quinto Infierno”, todos, cumplen a cabalidad su fin. Rosa Hemández, y Daniel, los protagonistas, función más precisa no pudieron tener. El profesor Pedro López, también personaje central, constituye, junto con los dos protagonistas y con algunos aliados, el bloque de “los buenos” de la novela.

El coronel Azote con su cuadrilla, todos jugando un papel, entran y salen a escena en los momentos precisos. Y Gravelli, el corruptor inicial de Rosa, del grupo de “los malos”, pero quien termina salvando a “los buenos”, es otro personaje bien logrado.

 

Argumento temático

 

William Mejía dio en el clavo, pues supo escoger el tema para su novela. Ya se lo había comentado. Sin embargo, si algún elemento se le puede reclamar a esta novela es que el autor, por momentos, no mantiene el hilo central de la historia en la altura que el tema se lo permitía. No es nada grave puesto que eso no incide para que la novela llegue a dejar de interesarle al lector. Es algo, además, que merece todas las

excusas puesto que, todos deberán saberlo, es la primera novela publicada del autor, y su logro tiene un saldo altamente positivo, lo han demostrado los jurados del concurso con el premio adjudicado, puesto que para ser una primera novela, exhibe buen dominio de estructura, del tipo de lenguaje, en la definición de los personajes, en el ambiente alcanzado y, sobre todo, integra a la literatura un tema de gran importancia. Un tema suyo, de su localidad, de su entorno.

Cualquier falla se logrará con la posterior dedicación al arte específico de la novela, y digo el de la novela porque ya el autor tiene bastante dominio del cuento, del teatro y del ensayo, géneros todos en los que sus trabajos han obtenido premios.

 

Valoración final

 

Como valoración final creo que William Mejía ha dado con un tema que, aunque sobre la tiranía, es uno de esos hechos aislados aún poco incluidos en nuestra narrativa. Es una obra que reafirma al autor como un hombre de las letras, y una recomendación en ese sentido, de todo corazón, es que ya él ha ayudado a levantar toda una generación de gestores culturales, por tanto puede delegar en ellos esa necesaria función y dedicarse con más ahínco a la literatura para que pueda obtener de ella el verdadero sitial que ésta le puede dar. Si así lo hace, a lo mejor los sureños no le agradecerán tanto haberse alejado de las lides diarias del activismo cultural, pero le agradecerán haberse convertido en uno de los grandes autores del país.

*Avelino Stanley Rondón (La Romana, 1959). Poeta y narrador. Es licenciado en economía por la Universidad Autónoma de Santo Domingo y tiene una Maestría en Lingüística del Instituto Tecnológico de Santo Domingo. Obtuvo el premio nacional de novela en el año 1997, y otro texto suyo el Premio sin Fronteras, de la Asociación Mundial de Educación Especial, en España. Entre sus obras figuran las siguientes: “Danza de las llamaradas”, 2000; “Catedral de la libido”, 1994; “Tiempo Muerto”, 1998; “Por qué no he de llorar”, 2004; y “Al fin del mundo me iré”, 2006.

 

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Comentarios Una Rosa en el Quinto Infierno, de William Mejía -Premio de Novela UCE 2000-. Por Avelino Stanley

Es una obra muy interesante y hay que leerla con mucho cuidado, para poder desmenuzar muy bien la tematica y la trama en que se desarrollan cada uno de los personajes.

Es una obra muy interesante y, aunque no he termina de leerla por completo, tengo que leerla con mucho cuidado, para poder desmenuzar muy bien la tematica y la trama en que se desarrollan cada uno de los personajes.

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